(No es continuación de los sastres, pero casi)
Las abuelas fueron, sin pretenderlo, nuestras primeras disidentes, las incubadoras de los opositores de hoy en día. Si a estos les falta madurez, se debe a que fueron arrancados muy pronto de sus tetas pródigas.
Mi abuela, la única que conocí, murió hace años en otra latitud. Ni siquiera recuerdo qué edad tenía, y tampoco cuánto tiempo después del hecho concreto de su muerte llegó a mí el hecho concreto de saberlo. Mi padre dijo:
Murió la vieja, y al decirlo vino a mi memoria la primera visita de mi abuela después que autorizaran los viajes de la comunidad. Se apareció con un pulóver en el que se leía:
Yo no soy turista. Yo vivo aquí. Entonces no comprendí por qué mi padre se molestó por eso. El problema consistía en que la frase estaba en inglés. Por supuesto, cuando mi abuela regresó a Miami no me pude quedar con el pulóver.



