Habría amado la libertad, creo yo, en cualquier época, pero en los tiempos en que vivimos me siento inclinado a adorarla.
Alexis de Tocqueville.
Hablabas de tus sueños mientras ayudabas a mamá en la limpieza. En primer lugar querías la inmortalidad. El segundo me lo perdí cuando lanzaste un cubo de agua. En tercero, pues la bicoca de ser multimillonario.
Tales sueños se contraponen. Si fueras inmortal, no te importarían los millones porque el multimillonario pretende derrocar el paso del tiempo satisfaciendo todos sus caprichos peregrinos. Pero no hay que llegar a los extremos. No es malo tener dinero. No hay que asumir la tragedia del asceta porque diga que el dinero no puede comprar la felicidad. Los que enseñan la malevolencia del capital, generalmente viven con grandes cantidades e invierten otras tantas para alentar el sacrificio y el ahorro en aras de un bien mayor que coincide, casi siempre, con sus intereses de perpetuación.